Publicado por el día 9 abril, 2018

Parker, Ian (2010). La psicología como ideología.
Contra la disciplina. Madrid: Catarata.

Irving Gibrán Góngora Arjona

Licenciado en Antropología Social
Universidad Autónoma de Yucatán

Págs. 92- 94

Recibido: 10 de marzo de 2015
Aprobado: 15 de abril de 2015

Las teorías sociales en nuestros tiempos son diversas, tanto en sus postulados teóricos así como en los métodos que plantean. Entre la gran diversidad teórica en la América Latina de nuestros tiempos figuran las teorías críticas y decoloniales que reclaman el reconocimiento de la actual colonización a nivel estructural e individual.

Así, la antropología mexicana reconoce estos postulados mencionados y enseña a los estudiantes maneras alternativas para pensar acerca de la dominación por medio de sus investigaciones y, en especial, sobre cómo la reproducción de ciertas ideas surgidas desde la misma ciencia, retoma ideas de las clases dominantes en la vida cotidiana. Precisamente, esto último es el objetivo del libro de Ian Parker: La psicología como ideología. Contra la disciplina1Parker, Ian. (2010). La psicología como ideología. Contra la disciplina. Madrid: Catarata.. En este, el autor hace un balance para explicitar de qué manera la psicología como ciencia, con sus postulados, está al servicio de las ideas dominantes que, en la actualidad, son ideas capitalistas en su forma neoliberal: “La importancia de la psicología no obedece a la verdad de su conocimiento, sino al servicio que presta al poder” (p. 12).

Parker evidencia la continua relación de la psicología con la política ya que considera que esta ciencia tiene el objetivo de adaptar a los sujetos a este nuevo contexto económico, político y social, antes que brindar herramientas para la emancipación social. Dicho propósito lo lleva a cabo por medio de la patologización de la colectividad, la escisión entre el sentimiento de indignidad hacia los problemas sociales, la reducción del bienestar a una idea de normalidad individual y la despolitización colectiva.

En esta dirección, se puede constatar que en los primeros cuatro capítulos de esta obra, se trata acerca de los elementos más importantes para identificar la psicología como ideología. De esta forma, en los primeros dos capítulos, el autor considera que la psicología nace de la mano del capitalismo, y por tal motivo aborda históricamente su relación y su utilidad a dicho sistema económico. Evidencia las metodologías de los experimentos de ciertos autores “clásicos” que son utilizados en los manuales de psicología moderna desde la perspectiva de las nuevas teorías críticas. Y, a la vez, posiciona a nivel individual y político la reproducción de las ideas dominantes mediante la autoridad de sus preceptos en la vida cotidiana, mismas que se encuentran fundadas en la familia y la idea del estado-nación. Esta reproducción se logra al construir al sujeto como ser biológico y con la reducción de todo problema social a lo que denomina el proceso de psicologización.

En el capítulo 3, se analiza la relación entre la psicología y el ámbito laboral por medio de la intervención de esta en los procesos productivos y reproductivos. Lo anterior se fundamenta, primeramente, en el hecho de que los psicólogos son entrenados para buscar la manera de normalizar la idea de trabajar para otros y justificar la extracción de plusvalía. Y, en segundo lugar, valiéndose de la promoción de una familia sana, estas ideas son expresadas con integrantes felices acordes a su condición; todo ello para procurar la reproducción de mano de obra futura en el mercado laboral.

El siguiente capítulo, el 4, es clave porque se detendrá en el proceso de cómo la psicología ha procurado, a nivel político y subjetivo, la patologización de la acción y unión colectiva, así como de cualquier clase de crítica surgida de grupos minoritarios y con menor poder. Por lo cual, todo disenso social en contra del sistema dominante se considera como “anormal”. De esta manera, Parker considera que la psicología ha tendido a promover la sana colectividad gracias a las buenas costumbres surgidas del modelo de hombre clase-mediero, ideal sustentado en aspectos bio-psico-sociales, el cual tiene como finalidad la generación de mano de obra útil. En este sentido, este conjunto de concepciones se convierte en la herramienta con la que se logra la conformación material del mundo y de una vida colectiva e individual sanas, mediante la unión académica con la psiquiatría en la promoción de fármacos para las “enfermedades mentales” que han sido popularizadas por esta unión.

A partir del capítulo 6, Parker presenta y juzga las alternativas psicológicas surgidas dentro de la misma ciencia, y concluye que estas “alternativas” se permitirán siempre y cuando mantengan una relación con las ideas dominantes. Es así como postulados espirituales, el giro discursivo y la psicología alternativa (Psy Alt), no son opciones ni radicales ni claras, pues aún despolitizan más la sociedad.

Posteriormente, en el capítulo 8, el autor plantea que todas las críticas dentro de la misma psicología tienen su base en las luchas de las esferas dominantes que, como consecuencia, reproducen ciertos esquemas. Incluso, la llamada “izquierda”, en la psicología, no podrá escapar de la reproducción del orden que critica. De manera contraria, aunque la llamada “izquierda” promueva la emancipación, en realidad no hace más que asentar la reducción psicológica, con lo cual evidencian la despolitización del disenso. Y, precisamente, es en un nuevo contexto de pérdida de grandes narrativas en donde el neoliberalismo celebra la unión con las ideas psicológicas acerca del individualismo y la competitividad. Pese a este callejón sin salida para toda crítica que use la psicología, existen movimientos concretos, “anormales” o disidentes en contra de esta y de la psiquiatría, aunque, en este sentido, propone a la psicología como adversario para la emancipación.

Desde un punto de vista personal, Parker propone en el penúltimo capítulo el postulado central que hace errar a la psicología para proyectos emancipatorios: la confusión entre la naturaleza primigenia con la naturaleza secundaria y aprendida, puesto que, ciertas características de la segunda se toman como características originarias e inmutables. En este punto, no reconoce ninguna alternativa crítica, pero sí recomendaciones para que pacientes, teóricos de la psicología y otras ciencias denuncien este proceso de ideologización: el reconocimiento de la reducción ocasionada por la psicologización del mundo y de la política. Finalmente, para tener una base para la reflexión en torno a todo lo expuesto, en el último capítulo se reúne un compendio bibliográfico crítico ordenado por temáticas relevantes para la conformación de una teoría crítica.

Para concluir este escrito, puedo decir que comparto la misma opinión del autor, de que La psicología como ideología. Contra la disciplina está dirigido a toda persona (ya sea académica o no) desde la propia psicología o en otras ciencias que intentan entender cómo la primera ayuda a la legitimización de una idea acerca del mundo. Desde mi opinión, este libro es de fácil lectura aunque la conformación de sus apartados hace la lectura un tanto confusa. El autor es directo en muchas de sus aseveraciones, pero considero que algunas de ellas no son tan profundas y en ocasiones pecan de simpleza de análisis. Por ejemplo: un asunto no tratado con detenimiento fue el de la conformación de las psicologías locales en países colonizados como los de América Latina.

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1. Parker, Ian. (2010). La psicología como ideología. Contra la disciplina. Madrid: Catarata.