Publicado por el día 8 abril, 2018

El turismo sostenible y las comunidades mayas en resistencia al norte de Quintana Roo: una reflexión intercultural

Sustainable tourism and mayan communities in resistance to the north of Quintana Roo: an intercultural reflection

Anastacio Gustavo Fernández Rodríguez – Mirna Yasmin Pacheco Cocom

Universidad de Quintana Roo – Universidad de Quintana Roo

Págs. 119-131

Recibido: 13 de febrero de 2017.
Aprobado: 15 de julio de 2017.

Resumen:

La apertura del libre mercado como parte del modelo constituido por políticas liberales ha transformado la identidad y cultura de la sociedad. En este sentido, las zonas costeras del sureste mexicano se han visto infestadas de empresas privadas de servicios turísticos lo que ha permitido generar nuevas líneas de investigación en torno al impacto del turismo en comunidades mayas. La problemática planteada está sujeta a la masificación de algunos destinos turísticos, lo cual ha traído una perspectiva de vulnerabilidad en comunidades mayas de Quintana Roo. Bajo este contexto, se presenta una reflexión basada en la interculturalidad en zonas de conflicto.

Palabras clave: Interculturalidad, globalización, turismo, comunidades rurales.

Abstract:

The opening of the free market as part of the model constituted by liberal policies has transformed the identity and the culture of society. In this sense, the coastal areas of the Mexican southeast have been covered with private tourism services companies, which has allowed to generate new lines of investigation around the impact of tourism in Mayan communities. The problematic raised is subject to the massification of some tourist destinations, which has brought a perspective of vulnerability in Mayan communities of Quintana Roo. In this context, a reflection based on interculturality is presented in areas of conflict.

Key words: Interculturality, globalization, tourism, rural communities.

Introducción

La globalización es considerada un fenómeno plural y homogéneo en el que todos los individuos y las comunidades más remotas participan como sociedad en el entorno global a raíz de la caída del muro de Berlín en 1989. Para algunos, la globalización ha despertado “sentimientos contrapuestos y viscerales que ahogan el análisis racional que merece” (Álvarez, 2001: 12). Para otros tantos, este proceso global se ha visto como una oportunidad de crecimiento y desarrollo a partir de la apertura del libre mercado. Este factor ha generado crecimiento en algunos países en vías de desarrollo y ha brindado ciertas ventajas en el mejoramiento de la calidad de vida y en un entendimiento intercultural, es decir, una diversidad cultural mundial de acuerdo con un modelo de gobernanza global. Por lo cual, se puede entender la diversidad como: “los estilos de vida, adquisiciones tecnológicas, conceptos, representaciones de valores, comportamientos e instituciones, interpretaciones […]” (Marga, 2008: 114). No obstante, se enfatizan desventajas flagrantes en cuanto a la modificación cultural, ambiental, paisajística y social en los países en vías de desarrollo. En este sentido, la globalización ha traído cambios representativos para ciertas naciones, grupos étnicos regiones, organizaciones e instituciones (Hofstede, 1980), por tal motivo, es relevante estudiar algunos aspectos interculturales debido al impacto que genera en algunas comunidades rurales.

Por otra parte, el turismo surge como un agente de cambio en los destinos en donde logra asentarse; en el principio de esta actividad -siglo XII-, se proponía encontrar paisajes terrenales y de mundos maravillosos (Rubio, 2003). Después de la Revolución Industrial y la Segunda Guerra Mundial, se puntualizó específicamente sobre las arduas jornadas laborales y la necesidad de buscar diversas formas de ocio. El periodo de la posguerra dio paso a la creación de organismos internacionales e instituciones financieras globales a favor del progreso económico. Actualmente, el fenómeno turístico se considera como una de las actividades que genera un impacto positivo en el producto interno bruto (PIB) en los países emergentes debido a la masificación con que se han promocionado los destinos turísticos en función de las riquezas culturales y naturales con las que cuentan (Acerenza, 2003). La participación de cadenas hoteleras en estos contextos ha aumentado, es decir, se cuenta con la presencia de un mayor número de empresas trasnacionales debido a este pluralismo global y, además, “sus operaciones alcanzan el funcionamiento del sistema en todas las escalas posibles: mundial, regional, nacional y local” (Jiménez, 2008: 168). Ante esto, el estado es un actor principal que permite de forma regulada la entrada a la inversión de capitales extranjeros que han consolidado y fortalecido su expansión en los países emergentes (Palafox, 2013).

Considerando los antecedentes mencionados, en este documento se analiza el proceso intercultural que a través de la práctica sostenible turística ha alcanzado este fenómeno hacia un mejor entendimiento sobre algunas comunidades rurales en el estado de Quintana Roo, México. No obstante, dicha problemática se enfoca a la promoción turística desigual que ha separado algunos municipios de donde se concentra esta fluidez económica, especialmente en las zonas costeras, por lo tanto, el crecimiento turístico y habitacional es inestable. En este contexto, se presenta un estudio y reflexión en las comunidades mayas de Campamento Hidalgo, Punta Laguna, Pacchen y Tres Reyes que se encuentran en el corredor que abarca desde Cobá hasta Nuevo X´Can en el norte de Quintana Roo, México. En este sentido, es importante hacer mención del contacto con un grupo de resistencia que se ha opuesto al turismo masificado de una empresa que domina ese mercado y, por ende, dichas comunidades se han quedado estancadas, dependientes de la inversión privada.

Revisión de la literatura

Las diversas definiciones de cultura denotan aspectos con ciertas similitudes tales como: experiencias, creencias, ideologías, estilos de vida que posee una sociedad, comunidad y esfera social. Dicho planteamiento lo retoma Molero (2005), quien argumentó acerca de la cultura que: “tiene aspectos denotativos (creencias) que señalan cómo son las cosas, aspectos connotativos (actitudes, normas y valores) que señalan cómo las cosas deberían ser y aspectos pragmáticos que proporcionan instrucciones y reglas sobre cómo hacer las cosas” (p. 53). Así, una de las características de la definición de cultura, con base en lo propuesto por Hofstede (1980) es que pertenece al nivel colectivo dentro de los “tres niveles únicos de la programación mental humana” (p. 20), mientras que los valores toman un rol dentro de este concepto enfocándose hacia atributos individuales y colectivos a la vez (Ver figura I), definidos como representaciones cognitivas que funcionan como guías de comportamiento para actuar en un entorno social (Bilsky y Schwartz, 1994; Schultz y Zelesny, 1999). Estos últimos, estudiados como programas mentales que “determinan nuestra definición subjetiva de racionalidad” (Hofstede, 1980: 20).

Marga (2008) hace referencia al concepto de interculturalidad como una “coexistencia de culturas” (p. 115) o, dicho de otro modo, vivir la experiencia y el contacto con otras culturas con la finalidad de entenderlas y, sobre todo, tolerar otro tipo de creencias, costumbres e ideologías. Por lo tanto, el interculturalismo se refiere a la aceptación de otras culturas en un sentido de igualdad, respeto y universalidad (Rodríguez, Palomero y Palomero, 2006). Es necesario resaltar que para hablar de diversidad cultural e interculturalidad se entiende que esta diversificación ha sido gracias al movimiento migratorio que desde los orígenes del hombre ha existido y que a lo largo del tiempo ha podido crear una identidad cultural característica de su entorno de sobrevivencia. Según este esquema, algunas personas opinan que esta combinación de culturas resulta incompatible, lo cual refleja intolerancia y rechazo hacia otras costumbres y formas de vida, un etnocentrismo hermético al paso de otras culturas. Por el contrario, cuando se acepta esta diversidad cultural y se reconoce el valor de cada una de estas, se habla de un multicentrismo, o bien, un pluralismo cultural. Vallespir (1999) propone una definición acerca de este proceso de interculturalidad como:

El concepto de interculturalidad contiene una idea de intercambio entre las distintas partes y de comunicación comprensiva entre identidades culturales que se reconocen entre ellas. Toda colectividad tiene derecho a mantener su propia cultura, teniendo en cuenta que la diferencia es fuente de enriquecimiento. Interculturalidad significa acercamiento y relación entre diversas culturas, reconocimiento explícito de la propia identidad cultural, valoración y aceptación de las identidades culturales diferentes, apertura hacia realidades distintas a la propia (p. 49).

Entonces, el mantener experiencias interculturales no solo deberá visualizarse como un acto ajeno entre el receptor y el visitante en alguna comunidad, o bien que sea considerado como una amenaza de alteración cultural, que un principio de forma más crítica el impacto cultural es evidente, tal como los procesos de aculturación. No obstante, establecer contacto con otras culturas y entenderlas en profundidad conllevará a valorar de forma simbólica lo que la globalización aún no ha logrado modificar ni mucho menos desaparecer. Hablando desde una perspectiva educativa, no se está acostumbrado a involucrarse con comunidades indígenas o rurales por diversas razones y uno de los detonantes hacia esta discriminación ha sido el modelo económico neoliberal que ha fomentado separación e individualismo. Por otro lado, el flujo migratorio tiene otro papel relevante al hablar de interculturalidad, que en ocasiones han tendido a desaparecer diversos pueblos o bien, han quedado solamente mujeres y niños.

Referente al proceso de la globalización, Young y Bhawuk (2008) argumentan que es un proceso tecnológico que promueve

[…] una mayor interconexión e interdependencia informativa y comunicativa útil sobre las personas a través de las sociedades y las naciones. La actual realidad de la globalización se manifiesta en cambios rápidos en todas las esferas de la vida humana (p. 301).

Y dicha propuesta se ha convertido en el modelo de muchas empresas e instituciones, en especial de centros educativos, para convertir a los profesionistas en iguales proporciones por competencias. Ante esto, Álvarez (2001) expresó que “esto vendría a sofocar culturas ricas y milenarias, contribuyendo a empobrecer y desertizar el paisaje intelectual y espiritual de la tierra” (p. 13). En este sentido, a pesar de sus grandes avances tecnológicos y modernistas para algunos países –en especial los desarrollados y países emergentes-, la globalización también ha generado indignación de algunas comunidades en resistencia:

[…] el resultado de la represión y la aplicación efectiva de los medios de control hacia la sociedad en donde los actores sociales se encuentran sometidos a las decisiones y juicios de valor por parte de la lógica dominante que los llevan a construir trincheras de resistencia (Pérez, Zizumbo y Monterro- so, 2009: 40).

Esto se presenta como una de las consecuencias negativas que ha generado la entrada de empresas privadas a la nación mexicana, y en sí un libre mercado entre naciones, que busca ampliar la entrada de productos y servicios que generen un efecto multiplicador en la economía nacional y den lugar al “bienestar común”. No obstante, para algunos autores este libre mercado ha empobrecido y “descapitaliza[do] intelectualmente” a una sociedad (Álvarez, 2001: 15). Por eso, algunas empresas han percibido la interculturalidad como capital de inversión o una manera de involucrarse con otros entornos para la búsqueda de mano de obra barata que debe ser entendida según una perspectiva más compleja, la cual reproduzca un desarrollo local de manera armoniosa y equitativa (Álvarez, 2005) que finalmente conlleve a esa búsqueda de bienestar comunitario. En este entendimiento intercultural, el turismo es visto como una vía para lograr esta empatía, ya que se considera como “un fenómeno social, cultural y económico relacionado con el movimiento de las personas a lugares que se encuentren fuera de su lugar de residencia habitual por motivos personales o de negocios/ profesionales” (Organización Mundial del Turismo, 2008), que a su paso, dicho fenómeno ha incrementado su poder de rentabilidad y de exportación de visitantes hacia otros destinos, los cuales aportan una derrama económica que genera crecimiento, fluidez económica –aunque desigual- y le da importancia a la participación de las empresas privadas (Sancho, 2006).

En México, el crecimiento turístico comenzó a partir de los años setenta (Pérez y Carrascal, 2000) con los proyectos planteados por Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) a través de los Centros Integralmente Planeados (CIP), los cuales fueron financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y bajo préstamos del Banco Mundial, de los cuales surge el plan Maestro de Cancún en 1972, un plan organizado para albergar a 200,000 habitantes, que incluía la estructura de la oferta hotelera, un aeropuerto internacional y la infraestructura comercial de comunicaciones. En 1974, Quintana Roo se convirtió de manera oficial en un estado nacional (Araújo, et al., 2013), lo que dio inicio a la edificación de Cancún en el estado de Quintana Roo, con mismo desarrollo que iba creciendo al parejo en las zonas costeras del mediterráneo, de lo cual Aledo (2008) expuso que “se produjo una rápida transformación con el paso de una sociedad primaria a otra terciaria sin la transición de la industrialización. La agricultura y la pesca se convirtieron en actividades casi residuales” (p. 100). De esta manera, en territorio mexicano y, especialmente, en destinos como Cozumel y Riviera Maya sucede esta modificación de actividades de sustento, apostando todo hacia la actividad turística. Un fenómeno social, económico y ambiental que, al parecer, ha funcionado en el estado de Quintana Roo hasta llegar a los 8,490,067 turistas (Ver tabla I), 11,909,529 visitantes en el estado, generando una derrama económica de $6,507.31millones de dólares anuales, y una infraestructura hotelera de 941 hoteles contando con 89,956 cuartos como oferta turística (SEDETUR, 2016).

Cifras bastantes representativas para un estado joven que ha logrado posicionarse como uno de los destinos preferidos de muchos viajeros. Dicha consolidación se debe a los dos principales destinos turísticos: Cancún en el municipio de Benito Juárez y la Riviera Maya que comprende desde el municipio de Puerto Morelos hasta Punta Allen y, que dio como resultado un crecimiento hotelero desmedido conocido como turismo masificado y, debido al libre mercado, los empresarios internacionales comenzaron a apuntar negocios en esta zona desplazando la economía local (Segrado et al., 2010).

Turistas en el estado de Quintana Roo
Destino Enero-Septiembre
2015 2016
Cancún 3,576,217 3,648,383
Cozumel 438,223 507,974
Chetumal 354,236 359,086
Isla Mujeres 242,93 336,091
Riviera Maya 3,565,881 3,638,533
Total 8,177,250 8,490,067
Tabla 1: Fuente: SEDETUR, 2016

De esta forma, el crecimiento turístico en esta zona de la región ha colapsado a otros poblados, ya que la difusión tecnológica y publicitaria que se le da a estos destinos más visitados sirve de apoyo hacia el consumo turístico. En este sentido, una de las desventajas del turismo masificado es la nula participación de las comunidades rurales no costeras en esta generación de derrama económica al estado y escasa oferta turística. Razón por la cual, el presente documento se evoca únicamente a estudiar algunas comunidades de los municipios con menos oferta hotelera y que son promocionados como destinos rurales, ecoturísticos, sostenibles o alternativos. Por lo tanto, para llevar a cabo este tipo de turismo se necesita primero cumplir con algunos preceptos y en el que todos los actores involucrados estén al tanto de cada una de sus aplicaciones en el entorno, estos se refieren a: a) bajo impacto sobre el entorno; b) comunicar e involucrar todas las decisiones planteadas en cuanto al proceso de construcción del proyecto que se trata; c) distribución equitativa de la riqueza entre los stakeholders (actores); d) que gran parte de los ingresos sean destinados a la protección cultural y natural del patrimonio; e) tolerar y respetar las creencias, tradiciones, cultura y costumbre de las comunidades circunscritas, sin alterar su carácter ideológico y f) que todos conozcan la importancia de mantener un ambiente equilibrado tanto social, como ambiental (Araújo et al., 2013).

Una vez planteado esto, la práctica del turismo sostenible se visualiza como una oportunidad para preservar patrimonios culturales y naturales de las regiones con el objetivo de no alterar la autenticidad de las comunidades y sin llegar a repercutir “el entorno social y cultural, donde debemos considerar la evolución demográfica, las tradiciones, el idioma, o la posible relación de dependencia con respecto a la cultura dominante del turista” (Pardellas y Padín, 2004: 110) por parte del turista. Entre sus diversos apartados ya clasificados del turismo sostenible se pueden encontrar: “el turismo de aventura, ecológico, social, religioso, ético y rural” (Rubio, 2003: 5). Este tipo de turismo enfocado en la sostenibilidad se visualiza como un equilibrio de la tríada dimensional entre lo sociopolítico, ambiental y económico (Sanagustín, Moseñe y Gómez, 2011) para poder establecer conexiones entre el ambiente-individuo y de esta forma entender otros estilos de vida que pudieran aportar grandes beneficios hacia este concepto bastante controversial entre su discurso tan prometedor y su práctica a favor de lo sociocultural y ambiental. Lo cual ha presentado un desafío hacia una conceptualización de la sostenibilidad que implica estrategias de mejora hacia el desarrollo sostenible en el que los individuos comiencen a participar como comunidad creando sinergias de colaboración. En este sentido, el turismo sostenible se concibe como un

[…] modelo de desarrollo económico para: mejorar la calidad de vida de la comunidad receptor, facilitar a los visitantes una experiencia de calidad y mantener las condiciones ambientales del destino del que dependen la tanto la comunidad receptora como los visitantes (Salinas y La O, 2006: 204- 205).

Contextualización

Algunas técnicas de investigación social –como observación no participante, observación participante, informantes clave y bola de nieve- fueron llevadas a cabo durante el acercamiento a las comunidades mayas de Campamento Hidalgo, Punta Laguna, Pacchen y Tres Reyes, que se encuentran en el corredor desde Cobá hasta Nuevo X´Can en el norte del estado de Quintana Roo, México. Los informantes clave fueron pobladores mayas que colaboraron con el grupo de trabajo para acudir a otros sitios de análisis, y acercarse con otros participantes anfitriones de las comunidades. Dichos informantes de apoyo han logrado resistirse a los embates proclamados por la privatización en estas áreas; “los güeros” (como se apodan) han logrado poner en marcha un proyecto local denominado “Mayan Muuk” que brinda recorridos ecoturísticos en las comunidades descritas, consolidado como un proyecto familiar que da servicio tanto a turistas que llegan por sus propios medios a dichos espacios naturales y también a la comunidad local.

Es relevante mencionar que la empresa que brinda servicios turísticos alternativos o ecoturísticos es Alltournative, como una de las operadoras turísticas de mayor referente publicitario regional y que sumerge a viajeros en estos entornos con el enfoque de conservación de los pueblos indígenas, “se fundó en 1999 […] sus objetivos son crear proyectos de ecoturismo que conserven y protejan la flora y fauna de la región y que mejore el modo de vida de los habitantes de las comunidades loca- les” (Araújo et al., 2013: 653). Así, dicha organización parece ser una empresa que le interesa los proyectos comunitarios y fomenta la cultura e identidad de la vida maya de Quintana Roo. Sin embargo, “los güeros” argumentan que los acuerdos generados con la empresa se incumplen y legal- mente se encuentran mal constituidos en convenio con los ejidatarios. Por otro lado, no permiten la incorporación de proyectos turísticos del ejido debido a que los ven como una competencia, y que finalmente las riquezas generadas no se ven reflejadas en la calidad de vida de la población. En ese sentido, expresan que desde que llegó la empresa no han existido muchos cambios, y que las personas que se dedicaban a la agricultura y ganadería, cegados por la industria del turismo, frenaron sus actividades primarias. Lo cual ha derivado impactos en el costo de vida, delincuencia, desaparición de actividades agrícolas y baja unidad comunitaria (Daltabuit et al., 2000).

Figura 1. Ubicación geográfica del municipio de Lázaro Cárdenas
Fuente: elaboración propia

Por lo tanto, la gran diversidad de flora y fauna, creencias y costumbres de la región no ha permanecido del todo en el marco de la autenticidad ni originalidad de las comunidades rurales. Los embates de la apertura comercial en 1994 para México ha contribuido para que surjan grupos de oposición (Pérez, Zizumbo y Monterroso, 2009) ante empresas que han querido apropiarse de manera simbólica del recurso natural con el que cuentan estos sitios rurales. También, se puede notar la tensión y poca cohesión social que se vive en la comunidad de Tres Reyes, la cual depende de la actividad turística que una empresa ha explotado en este corredor, específicamente, en Pacchen. Esto se refiere a los impactos negativos generados por empresas que se venden como ecoturísticas o sostenibles, de esta forma dan paso a:

[…] conflictos y divisiones que ocurren dentro de la comunidad, a raíz de que la actividad beneficia a un número reducido de familias; siendo que los que no se benefician con la actividad se encuentran fuera de las regiones prioritarias de los programas de apoyo o, bien, son las que no están bajo alguna forma de organización (Araújo et al., 2013: 661).

Esta problemática planteada ha llevado a la descapitalización social e intelectual de una comunidad (Álvarez, 2001) que ha dependido de la actividad terciaria (turismo) como único sustento a con- secuencia de la globalización o del querer homologar y pluralizar al fenómeno turístico como la bonanza de muchos destinos. En este contexto, es evidente que este recelo social ha sido manipulado por la empresa que domina mayormente este corredor y que ha visto en estos recursos ambientales una oportunidad de invertir sobre estos atractivos. Es importante mencionar que los habitantes de Pacchen tienen participación como servidores del turismo con el cual obtienen ingresos económicos, pero no les es remunerado de manera justa en comparación con el ingreso que percibe la empresa que tiene concesionado el lugar por más de diez años. Todo lo anterior, contribuye a desacuerdos comunales que son contenidos por grupos de interés dentro de la comunidad que concuerdan con la empresa turística y su forma de proceder en cuanto a la distribución de beneficios.

De esta forma, el proyecto propuesto por “los güeros” constituye una muestra de evidencia de la resistencia que ha existido por parte de estos pobladores, resistencia a la privatización y a aceptar que sus propios recursos sean explotados por empresas ajenas a la comunidad. Por ello, a raíz de esta situación decidieron generar un proyecto familiar que sigue vigente de forma endógena. Este ejemplo enmarca uno de los puntos que defiende el turismo sostenible que se enfoca en una generación de bienestar y solidaridad con su entorno social, económico y ambiental para no malversar este propósito con fines meramente empresariales.

Acerca del trabajo realizado en la recopilación de la información en estas comunidades rurales, se puede identificar que muchas de ellas pasan por un proceso de cambios radicales manipulados por empresas que han logrado penetrar en el territorio maya y sacar provecho de los recursos en uso. De las cuales, Aledo (2008) confirma la explicación de una transición sin industrialización y es flagrante el giro comercial de dichos destinos, todo enfocado hacia el turismo. Así lo confirma el informante clave del trabajo de investigación:

Pues ahora es el turismo, y en un principio el campo, hablando del campo abarca todo: ganadería, apicultura, nosotros éramos un centro ganadero, antes se trabajaba el maíz, el frijol, y ahora ya no. La apicultura sí se sigue trabajando (Entrevista 1).
Hoy es el turismo, previamente lo que se sembraba aquí, cuando se hace la milpa, se hace el maíz, calabaza, el frijol, el camote. Muchos siembran camote, jícama, ibes, todo lo que se pone en la tierra da. Pero los tiempos ya no son como antes, definitivamente el tiempo ya cambió, si siembras el maíz con trabajo da, entonces ya no alcanza para sostenerse […] El turismo es lo que está dejando ahorita, mucha gente dejó de hacer, de trabajar en el campo y mucha gente trabaja semanal en el turismo (Entrevista 3).

Figura 2. Preparación de la ceremonia maya en la comunidad Campamento Hidalgo
Fuente: elaboración propia

Tan evidente es este proceso que la misma población ha optado por el voto a favor de la entrada de empresas a estos territorios a pesar de los desastres culturales, ambientales y sociales que conlleva esto. El grupo de oposición de “los güeros” ha sido expulsado de su propia comunidad, ya que son vistos como el grupo anárquico que representa inconformidades y desacuerdos con la comunidad de Tres Reyes, y no es de esperarse más ante políticas liberales que favorecen a empresas que se venden como ecoturísticas para entrar en estos sitios mayas. Lo más interesante de estos procesos de adaptación a las nuevas empresas, por parte de algunos miembros de la comunidad, es que se favorecen a ciertas familias, que por ende controlan jerárquicamente estos destinos, ya que en ellos recaen los programas, convenios y acuerdos que se tienen con las empresas privadas y con las instituciones públicas.

Reflexiones

La interculturalidad y la globalización han podido visualizarse como elementos que han ido de la mano para su entendimiento mutuo. No obstante, la escasez de estudios en el ámbito turístico ha dejado una percepción inadecuada sobre la paradoja de la sostenibilidad y el turismo, ambos conceptos vistos como una estrategia hacia el crecimiento y desarrollo de muchos destinos turísticos. Esto se ha planteado como una actividad principal de muchas entidades y comunidades rurales, en las que han dejado actividades primarias como la agricultura, apicultura, pesca, ganadería, entre otras, a favor de la actividad turística, que no solamente permite la entrada de empresas monopólicas, sino también una competencia imperfecta alimentada por el proceso neoliberal, de corporativos trasnacionales que han desplazado y desvanecido la oportunidad de competencia en el mercado quintanarroense. El cual, al ser una entidad anfitriona de talla internacional no ha manejado de manera óptima dichas desigualdades en las comunidades rurales, cuestión que representa una problemática en el que “los beneficios económicos aún no llegan a la comunidad como un todo ya que la mayoría de las ganancias se quedan en manos de las agencias y operadoras turísticas de la región” (Santana et al., 2013).

Lo anterior da la pauta para puntualizar sobre las siguientes reflexiones. La práctica turística en dichos sitios es considerada como una tipificación más del turismo de masas que ha crecido en el estado de Quintana Roo de manera acelerada y con una carente planeación en el contexto social, cultural y ambiental, dando lugar a que estas zonas rurales incursionen en la actividad turística sin la sensibilización y capacitación adecuada con la finalidad de lograr el objetivo de crear un turismo sostenible, más humano, respetuoso y consciente de su entorno.

Si bien, es el estado el que aporta más producto interno bruto a la nación, también ha aportado problemas de índole social y ambiental que han sido aprovechados como una oportunidad más de inversión y plusvalía, en el que la práctica del indicador económico -un pilar de la sostenibilidad- se le ha sacado provecho sin importar la cara social que dejan estos sitios al viajero. Y esto último es palpable en la falta de empleos bien remunerados y con prestaciones sociales adecuadas.

Probablemente el marketing turístico sea un frente positivo que acerque al viajero de manera intercultural con otros medios. Sin embargo, se debería ahondar más en su estudio acerca del bienestar y calidad de vida por la que pasan dichos sitios analizados, ya que de no cambiar esta dinámica de “hacer turismo” se seguiría fomentando la misma fórmula aplicada en otros destinos que se refiere a la caracterización de las actividades y costumbres solamente para cumplir con la expectativa del turista como sugiere Córdoba (2009), lo cual podría derivar en la pérdida de su esencia, e incluso de la identidad por medio del proceso de aculturación para mantener la imagen rural por cuestiones publicitarias y de concepto de lo que conocemos como rural. Empero, no se debe condenar la actividad económica como la responsable de muchos de los males que aquejan a estas prácticas, sino más bien se debe procurar el mayor beneficio para la comunidad receptora que abre las puertas de sus casas, tradiciones y creencias para compartir con el mundo.

El análisis llevado a cabo en dichas comunidades y los informantes clave evidenciaron lo que sucede en estos espacios geográficos del municipio de Lázaro Cárdenas en Quintana Roo, demostrando que debe existir un compromiso social y educativo que coadyuve a mantener la identidad y la diversidad cultural de estas zonas. Es un hecho que dentro de esta diversificación turística también se necesitan individuos capaces de analizar los embates de la globalización sobre el aspecto turismo y que cuenten con las competencias que les permitan generar conocimiento de estas problemáticas y entender la importancia del concepto de interculturalidad. Así, “[una] sociedad multicultural necesita una persona renovada y curiosa que orgullosa de sus raíces, abrace la diversidad como una oportunidad para crecer, desde la humildad de corazón y apertura mental” (Álvarez, 2001: 18). Y, específicamente, a través del turismo sostenible de manera responsable y sin masificarse se puede generar un área de oportunidad del desarrollo regional.

Finalmente, en los programas educativos enfocados en el saber turístico se sugiere proponer nuevos estudios etimológicos del turismo y algunas prospectivas y fundamentos que aporten más sobre el conocimiento de un sistema complejo que se apoya en diversas áreas del conocimiento, con el objetivo de encontrar problemas más allá de la atención sobre la demanda del turista y/o consumidor, ya que son pocas las instituciones en México que ofertan estudios enfocados al turismo desde la perspectiva de la investigación científica, ya que la mayoría de ellas procuran la capacitación del alumno en saberes prácticos y académicos de la actividad para que al finalizar su educación técnica o superior se inserten al campo laboral en las diversas áreas que aborda el turismo. Sin embargo, no es que esta última visión sea negativa, pero se necesita implementar la reflexión en todos los ámbitos académicos a la suma de esfuerzos por indagar en los saberes científicos de esta disciplina para promover a los egresados de diversas instituciones, que además de ser expertos en la aplicación del conocimiento en la práctica se complemente con una visión crítica y reflexiva del turismo, con la finalidad de mejora continua y de un beneficio colectivo. Especialmente para replantear y analizar racionalmente qué sucede con los destinos anfitriones y qué ocurre con aquellos sectores de la población que están alejados del producto turístico de sol y playa, que en su mayoría viven en esferas de desigualdad.

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