Publicado por el día 26 abril, 2018

Welcome to Cancun, el turismo como innovación temática en la historia literaria de Quintana Roo

Welcome to Cancun, tourism as an innovation theme in the literary history of Quintana Roo

David Anuar González Vázquez

CIESAS-Peninsular, Maestrando en Historia (Mérida, México)

Págs. 175-186

Recibido: 3 de enero de 2017.
Aprobado: 29 de noviembre de 2017.

Resumen

El estado de Quintana Roo cuenta con una tradición literaria con poco más de un siglo de existencia (129 años). Su historia literaria arranca en el siglo XIX; adquiere cierto dinamismo en la primera mitad del siglo XX y en el último cuarto del siglo XX surgen diversas voces en la parte sur del estado. No obstante, es en el siglo XXI, de la mano de escritores afincados en la parte norte del estado, principalmente en la ciudad de Cancún, cuando se genera una innovación temática en la literatura de Quintana Roo: el turismo. Propongo revisar someramente la obra poética de dos autores, Miguel Ángel Meza y Óscar Reyes Hernández, donde el tema del turismo es el eje articulador de sus propuestas estéticas.

Palabras clave: tradición literaria, poesía, turismo, Quintana Roo, Cancún.

Abstract

The state of Quintana Roo has a literary tradition with just over a century of existence (129 years). His literary history begins in the nineteenth century; it acquires a certain dynamism in the first half of the 20th century; and in the last quarter of the 20th century, various voices emerged in the southern part of the state. However, it is in the 21st century, hand in hand with writers based in the northern part of the state, mainly in the city of Cancun, when a thematic innovation is generated in Quintana Roo’s literature: tourism. I propose to briefly review the poetic work of two authors, Miguel Ángel Meza and Óscar Reyes Hernández, where the theme of tourism is the axis of his aesthetic proposals.

Key words: Literary tradition, poetry, tourism, Quintana Roo, Cancun.

Ponencia leída el 18 de marzo de 2016 en el Hotel Hacienda Uxmal Plantation & Museum Mayaland Resort, Uxmal, Yucatán. En el Congreso Internacional de Literatura Lo busco, lo busco y no lo busco de búsquedas y encuentros en la cultura mexicana, en la Undécima sesión: Almost the Paradise: Uxmal. En el marco de la Feria Internacional de la Lectura en Yucatán (FILEY).


Escuchas. Una remotísima voz te hace levitar en los
siglos perecidos y venideros. Es sólo un instante: gota
de arena que se esfuma. Grano del ser en que te mudas:
eres tiempo: el mar que te deshila. 

Miguel Meza


Introducción

En 1937, Ramón Beteta publicó el relato de viaje Tierra del chicle, en el que narra la travesía que la Comisión Científica Mexicana llevó a cabo en 1929 en el entonces Territorio de Quintana Roo. Entre sus páginas se cuenta la siguiente anécdota:

Jamás olvidaré al doctor Boucart parado en el fondo de arena blanca, el agua hasta el pecho, y sosteniendo en las manos, muy alto, para que todos pudiéramos verlos, unos corales verdes que semejaban la cornamenta de un venado; como tampoco olvidaré la extraña fauna de aquella selva submarina, ni el cerco de olas que se quebraban sonoras a nuestro derredor a la orilla circular del arrecife (p. 70).

Esta narración de Tierra del chicle se encuentra en el cuarto capítulo, que lleva por título “Nuestro Caribe”. Así, el paratexto que simboliza el intertítulo aunado con la anécdota antes citada, insinúan en conjunto una idea casi en son profético, un cuadro que será común en las tierras quintanarroenses 40 años más tarde: el turismo. Por las mismas aguas, en 1940, en el libro Un hombre y un pueblo, el escritor yucateco Luis Rosado Vega comenta lo siguiente: “Otras de las grandes esperanzas factibles de realizarse en Quintana Roo, ligada a un buen sistema de comunicaciones con el exterior, es sin duda el turismo” (p. 228).

Revisión bibliográfica

Las citas anteriores, pertenecientes a libros publicados durante el Cardenismo, no son otra cosa que atisbos, predicciones que iniciarían su camino hacia la realidad a finales de la década de los sesenta, de la mano de un grupo de banqueros del Banco de México. El resultado lo conocemos: Welcome to Cancun, una ciudad turística surgida de la nada, una ciudad de arenas blancas y mares cuyas aguas van del jade al turquesa; Cancún, líder en turismo a nivel nacional, con el segundo aeropuerto más importante del país, solo detrás del de la Ciudad de México. Cancún, un fenómeno económico de éxito rotundo que esconde detrás de su máscara turística un panorama de profunda conflictividad social, una ciudad de orillas, según señala Cristina Oehmichen (2010), “caracterizada por la polarización entre un centro impoluto, elegante y globalizado, de la gran zona hotelera, rodeado por las orillas lumpenizadas donde se amontonan los trabajadores y todos los que buscan tener un empleo” (p. 28).

Así, en Cancún conviven varias ciudades dentro de la misma ciudad; por un lado, la ciudad paraíso que corresponde al área turística de mar y playas; por el otro, la ciudad que se sitúa en el centro de Cancún, planificada por FONATUR1N. del E.: Fondo Nacional de Fomento al Turismo. para servir como proveedora de mano de obra especializada para la Zona Hotelera; y la tercera ciudad está representada por las famosas regiones y todos los asentamientos irregulares que se produjeron a raíz de la migración masiva –de la década de los setenta y ochenta– de miles y miles de trabajadores que buscaban una oportunidad para mejorar su vida. Esta misma dinámica social configura el espacio que es altamente discriminatorio en Cancún, como lo ha señalado con precisión Oehmichen (2010): “Decía Bourdieu (2004) que el espacio urbano es un reflejo, aunque distorsionado, del espacio social. Sin embargo, en el caso de Cancún […] La división del espacio urbano es fiel reflejo de la división clasista de la sociedad” (p. 30).

Torres Maldonado (2000), en el ensayo “El Caribe mexicano hacia el siglo XXI”, menciona que es posible hablar de “un antes y un después de Cancún” (p. 147), por la significativa transformación que supuso para la dinámica sociocultural y política en Quintana Roo. Esta transformación también se hará patente en la literatura del estado, cuya historia literaria no tiene más de 129 años. Entre los autores que se han preocupado por construir y estudiar la historia literaria de Quintana Roo tenemos a Juan Domingo Argüelles, Norma Quintana, Martín Ramos Díaz, Agustín Labrada y quien escribe estas líneas.

En 1990, en la antología literaria Quintana Roo una literatura sin pasado. Cuento y poesía (1977-1990), el escritor Juan Domingo Argüelles hacía la siguiente aseveración: “Hasta hace poco más de una década [1980] era imposible hablar de literatura quintanarroense. No existía. Inexistente es el pasado literario en Quintana Roo, por lo mismo, su historia social es inédita” (p. 11). Este autor atribuía esta situación del estado de la literatura a que “Lógicamente, su pobre desarrollo social [del Territorio de Quintana Roo] trajo como consecuencia un nulo desarrollo cultural” (Argüelles, 1990: 11). Juan Domingo Argüelles sitúa el surgimiento de la práctica social de la literatura en 1977 de la mano del poeta Antonio Leal, quien publica en la Ciudad de México una serie de poemas. Así, el surgimiento de la literatura, según este crítico, es posterior al establecimiento de Quintana Roo como estado de la República2Quintana Roo fue elevado a la categoría de estado el 8 de octubre de 1974..

Martín Ramos Díaz, Norma Quintana, Agustín Labrada, y quien escribe estas líneas, hemos señalado que sí existió literatura en Quintana Roo antes de Antonio Leal y que la aseveración de Juan Domingo Argüelles no es del todo acertada. Martín Ramos Díaz en sus libros La diáspora de los letrados. Poetas, clérigos y educadores en la frontera caribe de México (1997) y en Vidas ignotas. Biografías de la frontera México-Belice, 1802-1846 (2010), encontró a tres humanistas oriundos de lo que en un futuro sería Quintana Roo y que él nombra como Caribe mexicano, en sintonía con la propuesta historiográfica de Macías Richard (2007)3Carlos Macías Richard (2007), en su artículo “El Caribe mexicano. Historia e historiografía contemporánea”, enfatiza su propuesta de la siguiente manera: “Casi sobra decir que lo “quintanarroense”, como construcción gentilicia, ideológica, no puede haber nacido antes de 1902. Por ello, para efectos de análisis e interpretación de la evolución histórica de la costa oriental de Yucatán, nosotros preferimos emplear el concepto derivado del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo: el Caribe mexicano”. Esta propuesta también se hermana con la que han hecho los investigadores Alfredo César Dachary y Stella Maris Arnaiz Burne en su libro <em>El Caribe mexicano: una frontera olvidada</em> (1998)., entre quienes sitúa a Wenceslao Alpuche y Gorozica, poeta nacido en Tihosuco en 1804 (Ramos Díaz, 2010).

Además de Wenceslao Alpuche en el Caribe mexicano decimonónico, ya en el siglo XX y con la conformación del Territorio de Quintana Roo, “la investigadora Norma Quintana descubre que en Cozumel, en la década de los veinte, poetas isleños publican sus poemas en Orión, el primer periódico de Quintana Roo” (Meza, s. a., en Labrada, 2001). Por mi parte, en “Poesía en Quintana Roo: contexto, características, y tres propuestas” (2014), señalo lo siguiente:

A la observación anterior sobre Wenceslao Alpuche y los poetas isleños de Orión, habría que añadir al escritor yucateco Luis Rosado Vega, quien a pesar de no ser oriundo de esas tierras, vivió poco más de medio año en el Territorio de Quintana Roo, y escribió dos obras sobre la explotación forestal centradas en este espacio: Poema de la Selva Trágica, poemario publicado en la ciudad de Chetumal en 1937, y Claudio Martín. Vida de un Chiclero, novela publicada en 1938 en la Ciudad de México. Ambos textos se vuelven relevantes en la configuración de la tradición literaria del estado de Quintana Roo (p. 84).

Finalmente, Agustín Labrada en Teje sus voces la memoria (2011) ha señalado a toda una serie de escritores, sobre todo viajeros nacionales e internacionales, al igual que escritores de Yucatán y Campeche que escribieron sobre Quintana Roo, tanto en el siglo XIX como en el XX. Este mismo autor critica la visión de Argüelles y señala que, si bien, Antonio Leal es el iniciador de la literatura contemporánea del estado de Quintana Roo, la fecha no es en 1977, sino en 1965, cuando este autor publica una serie de poemas en la revista Mester, dirigida en ese entonces por el escritor Juan José Arreola.

Otros críticos literarios que se han ocupado de este tema desde distintas perspectivas y con rigurosidad variable –desde la crítica académica formal hasta la crítica cultural con reseñas, comentarios de libros y entrevistas a autores– son: Juan Domingo Argüelles (1990), Norma Quintana Padrón (1999; 2000a; 2000b; 2000c; 2001; 2013; 2014a; 2014b) Miguel Ángel Meza (1998; 2002a; 2002b; 2006a; 2006b; 2013a; 2013b;), Martín Ramos Díaz (1997; 2003; 2010), Agustín Labrada (2001a; 2001b; 2001c; 2002a; 2002b; 2003a; 2003b; 2006; 2013), Miguel Ángel Meza y Agustín Labrada (2002), Raúl Arístides Pérez Aguilar (2006), Saúl Sebastián (2006); a los cuales se pueden sumar los trabajos de mi autoría (2014a; 2014b), al igual que los textos publicados en el 2014, en el número 6 de la nueva época de Tropo a la uña, revista del Centro de Creatividad Literaria de Cancún, cuyos autores son: Francisco Puch Mis, Silvia Eunice Polanco Euan, Andrea Macías Luna, Cynthia Puc Hernández y Amra Morquecho Quijano.

Método

En primera instancia se elabora un análisis bibliográfico y hemerográfico para proponer una periodización de la historia literaria de Quintana Roo y sus temáticas recurrentes. Posteriormente, sitúo el surgimiento del turismo como tema literario y focalizo en dos casos dentro del género de la poesía, la obra de Costa urbana (2011) de Oscar Reyes Hernández y El rostro que habitamos (2015) de Miguel Meza, las cuales abordo desde el análisis textual y de la voz lírica.

Discusión

En líneas generales, es posible reconocer cinco épocas o periodos históricos en la literatura de Quintana Roo. El primero es el siglo XIX donde, hasta ahora, solamente tenemos a Wenceslao Alpuche como representante4Es necesario aclarar que, en un sentido estricto, pertenece a la tradición literaria de Yucatán, pues, en el siglo XIX no existía Quintana Roo, ya que era parte del estado de Yucatán. No obstante, Wenceslao Alpuche nació en Tihosuco, pueblo que actualmente se encuentra dentro del espacio territorial del estado de Quintana Roo. Por ello, es posible ver en este poeta un valioso antecedente de la futura literatura de Quintana Roo, evidentemente desde una visión histórica presentista.. El segundo periodo está representado por relatos de viaje a Quintana Roo que diversos autores escribieron en las primeras cuatro décadas del siglo XX; ejemplo de estos son Tierra del chicle (1937) de Ramón Beteta, “Quintana Roo: frontera de México” (2007) de Moisés Sáenz, e Imágenes de Quintana Roo (2001) de César Lizardi Ramos, por mencionar algunos. Los dos periodos anteriores pueden incluirse en un macroperiodo que podemos denominar como “los antecedentes literarios de Quintana Roo”.

El tercer periodo lo constituye lo que he denominado “la literatura perdida de Quintana Roo”, con esta expresión me refiero a los textos literarios que fueron publicados por personas oriundas o radicadas en Quintana Roo en periódicos de circulación peninsular o local, principalmente el Diario de Yucatán y el Diario del Sureste, de 1926 a 1974; la primera fecha en relación con la fundación del Diario de Yucatán, y la segunda con la transformación de Quintana Roo de territorio a estado. Cabe señalar que en esta etapa también existieron periódicos locales en Quintana Roo como: En Marcha5Periódico del Sindicato de Maestros del Territorio de Quintana Roo., El Chechén, El Caribe, La Voz del Quintanarroense, El Quintanarroense, que son, sin lugar a dudas, fuentes de material histórico ligado al desarrollo de la historia literaria de Quintana Roo.

Utilizo la expresión “literatura perdida” para enfatizar en las obras que fueron publicadas en periódicos, que por su propia dinámica editorial y de consumo hacen que sus contenidos se vuelvan efímeros y que no trasciendan culturalmente como suele hacerlo el contenido publicado en forma de libro. Esta idea de literatura perdida surgió en mí cuando en el 2015 visité el Archivo Histórico Municipal de Cancún y encontré varios números del periódico La voz del quintanarroense, dirigido por Felipe Amaro Santana. En el número 59 con fecha del 4 de julio de 1969, hallé un cuento, “Divagaciones”, de Raúl M. Villanueva (Figura 1). Cabe resaltar que una importante veta de investigación sobre la literatura de Quintana Roo lo constituye el rescate de fuentes primarias, para lo cual es necesario el trabajo en Hemerotecas y Archivos.

Figura 1. Cuento Divagaciones

Fuente: La voz del quintanarroense, 4 de julio de 1969.

Este periodo está cifrado por un ausente o cuando más incipiente sistema literario propio y, por consiguiente, la dependencia de otros sistemas para conseguir capacitación, medios de publicación y difusión de obra. El sistema literario predominante fue el yucateco. Ejemplo de esto son los tres sonetos publicados con el título de Tríptico de José M. Suárez M., el 1 de enero de 1938 en el Diario de Yucatán. A continuación reproduzco uno de los tres sonetos:


Chetumal


Pintoresca, gentil y pequeñita
–ante el asombro de la azul bahía–
surge la arboleda, como un día,
de las espumas emergió Afrodita.

A sus pies, musitando glauca cuita,
llegan las olas de la mar bravía
y rindiéndole amor y pleitesía
el Hondo sus raudales precipita.

El bosque le prodiga sus canciones,
sus caricias el río, el mar su encaje;
y si la azotan recios vendavales,

como reina que azuza a sus legiones
los reta, sacudiendo con coraje
el airón de sus múltiples cocales!6José M. Suárez M., “Tríptico”, Diario de Yucatán, 1 de enero de 1938.

La cuarta época podemos denominarla como la fundación de la literatura contemporánea de Quintana Roo en la que, poco a poco, asistimos al surgimiento y consolidación de un sistema literario propio (revistas, editoriales, talleres, becas de estímulo, escritores, lectores). Tanto Juan Domingo Argüelles (1990) como Agustín Labrada (2011) coinciden en que el autor que inicia la literatura contemporánea en Quintana Roo es el poeta Antonio Leal, aunque difieren en el año; Labrada (2011) señala 1965 y Argüelles (1990), 1977. Este cuarto periodo correspondiente a los fundadores de la literatura contemporánea de Quintana Roo incluye una lista de escritores cuya obra se ha consolidado a nivel nacional e internacional con voces relevantes como Ramón Iván Suárez Caamal, Juan Domingo Arguelles, Luis Miguel Aguilar, Héctor Aguilar Camín, Elvira Aguilar Angulo, Javier España, por mencionar a algunos. El quinto periodo lo constituyen las nuevas voces de la literatura contemporánea de Quintana Roo, donde los escritores nacidos en las décadas de los setenta, ochenta y noventa comienzan a destacar en el panorama local y regional, algunos autores son Ever Canul, Rodolfo Novelo Ovando, Cristian Poot, Mauro Barea, José Antonio Íñiguez, Melbin Cervantes, Laura Angulo, etcétera.

Ahora bien, históricamente, algunos temas han sido predominantes en la literatura de Quintana Roo; los principales entre ellos son: la naturaleza, la explotación forestal (chicle y caoba), sucesos y personajes históricos (Guerra de Castas, fundaciones de pueblos, la figura de Othón Pompeyo Blanco o incluso de Gonzalo Guerrero), la cultura maya, la memoria (individual y colectiva), la migración y el viaje (desde inicios del siglo XX), la explotación humana y la injusticia social. Muchos de estos tópicos se encuentran hermanados con el desarrollo histórico de la entidad.

Ante este panorama temático, el surgimiento de Cancún en el estado también va a marcar un antes y un después en los temas de su literatura, pues, la dinámica turística de esta ciudad gradualmente va a ir encontrando su cauce en las representaciones literarias hasta hacerse presente en textos como Cancún, todo incluido (2001) de Carlos Hurtado, primera novela cancunense que retrata la corrupción y el rostro oculto de la ciudad-paraíso o la novela El pirata Cornellius Kostacoví, mi bisabuelo (2001) de Leonardo Kosta, que plantea una profunda búsqueda identitaria, en la cual se atisba la presencia del turismo. Cabe señalar que estos dos últimos autores, aunque migrantes, fueron residentes de la ciudad de Cancún y escribieron en ella sus respectivas obras. También es importante resaltar que la mayoría de escritores cancunenses son migrantes, hecho nada sorprendente ya que Cancún es una sociedad conformada por migrantes, salvo por las nuevas generaciones de hijos de migrantes que nacieron en la ciudad.

Con el surgimiento de Cancún y su compleja dinámica turística y su impacto en la sociedad, el tema del turismo se incorporó como una innovación temática en la historia literaria de Quintana Roo. En la poesía, este tema ha sido abordado por dos autores cancunenses, también migrantes, Óscar Reyes Hernández con Costa urbana (2011) y Miguel Meza con El rostro que habitamos (2015). En sí mismos, los libros son innovadores al introducir en la poesía de Quintana Roo el tema del turismo, hecho que, si bien, ya ha sido poetizado en otras geografías, sobre todo de las ínsulas caribeñas, como en los libros Cantos para soldados y sones para turistas (1937) de Nicolás Guillén (poeta cubano) o Corazón de pelícano (2010) de Lasana Sekou, (poeta de la San Martín); no obstante en el contexto literario quintanarroense este tema había sido abordado en la narrativa desde inicios del 2000, pero en la poesía no sería sino a partir del 2010, es decir, hace relativamente poco tiempo.

En Costa urbana, de Óscar Reyes Hernández (2011), encontramos que los dos primeros apartados del libro están dedicados a poetizar Cancún y su dinámica social hombro con hombro con el tema del turismo. A nivel de enunciación, encontramos un yo lírico que a veces se identifica con los locales, otras con los turistas, y otras más como si fuese una voz omnisciente, objetiva y alejada, que únicamente canta lo que observa, como en el poema “Parador Tulum”. Ahora bien, un ejemplo de la voz lírica con perspectiva local la encontramos en el poema “Avenida La Costa”, título que alude a una avenida real situada en la zona residencial del centro de la ciudad de Cancún, en donde se leen los siguientes versos: “En las horas de la temporada baja, mis palabras agonizan / mi cuerpo inanimado pide un poco de agua potable” (2011: 31). El yo lírico se identifica así con los residentes y la compleja situación socioeconómica cifrada por una economía basada en los flujos turísticos. Hacia el final del poema se hace una descripción de lo que significa para el residente de Cancún la temporada baja:

Es cuando la palabra agoniza, la ciudad se detiene
el mar palidece, las lanchas encallan sobre la arena desierta
mi cuarto se comprime, los aviones envejecen
y la felicidad parte de vacaciones a otro destino de sol y playa (p. 31).

En esta misma línea, Miguel Meza poetiza la experiencia del turismo y, al igual que Óscar Reyes Hernández, se nos presenta la perspectiva del visitante-turista y la del migrante-residente. Llegados a este punto, es importante recordar, junto con la teoría narratológica, que el punto de vista o perspectiva es un concepto complejo que incluye el problema de la visión (desde dónde se narra) y de la voz (a través de quién se narra) (Villanueva, 1995). Miguel Meza (2015) parte de la configuración de un yo lírico esencialmente migrante y residente que canta en segunda persona, como desdoblándose, como cantándole a otro, pero a la vez a sí mismo. Lo anterior se aprecia claramente en la primera sección del poemario que lleva por título “Viento en prosa. Diez trazos para otra máscara”, donde se poetiza el proceso de llegada e integración de un migrante a la ciudad. El poema inicial dice así: “Caminas en la ciudad y no te reconoces. Sus espejos no te reconocen. Sus manglares de concreto, su cielo al alcance de la mano, el aire con su piel húmeda, la luz enceguecida de tanta luz: todo anega tus ojos todavía forasteros” (p. 15).

También, aparecen en esta primera sección una serie de contradicciones que viven los trabajadores en la ciudad de Cancún, la belleza natural del entorno y el placer de distintos deleites tan al alcance de la mano y, sin embargo, tan lejos de poder efectivamente hacerlos suyos, de disfrutarlos. El poema III de este apartado nos lleva por esos senderos a través del paralelismo antitético:

Salimos: el cielo nos acompaña volcando sobre la mirada su océano de nubes. Ahí se queda todo el día con la marea de su belleza coagulada, con sus afeites para otra seducción, mientras tú te sumerges en otro mar: en olas laborales y pragmáticas, en espuma de oficina acondicionada por el deber, o en molicie de tiendas enjoyadas por brillos que hacen salivar tus bolsillos (Meza, 2015: 17).

A la par de las contradicciones que se representan en el poema anterior, también tenemos otros poemas de esta primera sección que trazan las distintas clases sociales que conviven, mas no se revuelven en la ciudad. El poema VIII, es un guiño a las diferencias entre clases sociales en un domingo de playa:

Confluyen en la playa como afluyen al mar del cielo los ríos de colores. La familia maya levanta el altar de sus días en el hueco de los muelles, en la devota frescura de la sombra. Condimenta su séptimo día con la humildad del taco y la cebolla, en la sal líquida embebida en bragas de percal, en sostenes y mezclilla. La familia citadina, ecuánime, activa los rituales del placer posmoderno aprendidos en el manual de la sana y elocuente convivencia. La familia de turistas impone su imperio de exotismo como un derecho de belleza bien pagado (Meza, 2015:23).

En este libro de Miguel Meza (2015) también se dan cita, sobre todo en la tercera parte titulada “Bitácora de oficios”, distintos sujetos liminares que vagan por la ciudad; ejemplo de ello son los poemas “Vendedor de baratijas”, “La hetaira menesterosa”, “El paseo del indigente” o “El ataúd del chatarrero”. Los dos primeros versos del poema “Vendedor de baratijas” son significativos: “Pido clemencia por usurpar estas esquinas / el sol de estos semáforos tan puntuales” (p. 51). Es interesante notar cómo la enunciación cambia en comparación con los primeros poemas, e incluso el sujeto lírico es distinto porque no es ya la voz migrante que cantaba al inicio en segunda persona desdoblándose sino es la recreación de la voz del vendedor de baratijas quien habla a través de la voz lírica, haciendo así un poema de personaje.

Conclusión

En general, tanto Costa urbana de Óscar Reyes Hernández (2011) como El rostro que habitamos de Miguel Meza (2015), abordan el tema del turismo. Las perspectivas varían en ambos libros, aunque predomina la visión del migrante-residente, pero también está presente la visión de los turistas, así como las voces marginales de la ciudad –sobre todo en Miguel Meza–. Estos dos libros de poesía vienen a innovar en los temas de la historia literaria de Quintana Roo, aunque es importante reconocer que toda innovación implica cambios y continuidades, y en estos casos particulares, el cambio principal es la inclusión del turismo y toda la problemática social que acarrea en una ciudad como Cancún. En las permanencias temáticas tenemos la cuestión de la naturaleza, la preocupación por la fundación (historia) y la identidad, que siguen siendo los temas repetitivos en estos libros y que vienen a unirse a los textos narrativos escritos en Cancún sobre el tema del turismo y en general sobre la tradición literaria de Quintana Roo. Así, estos libros de poemas retratan, por medio de distintas perspectivas de la voz lírica, los múltiples y contradictorios rostros de la urbe: Welcome to Cancun.

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1. N. del E.: Fondo Nacional de Fomento al Turismo.
2. Quintana Roo fue elevado a la categoría de estado el 8 de octubre de 1974.
3. Carlos Macías Richard (2007), en su artículo “El Caribe mexicano. Historia e historiografía contemporánea”, enfatiza su propuesta de la siguiente manera: “Casi sobra decir que lo “quintanarroense”, como construcción gentilicia, ideológica, no puede haber nacido antes de 1902. Por ello, para efectos de análisis e interpretación de la evolución histórica de la costa oriental de Yucatán, nosotros preferimos emplear el concepto derivado del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo: el Caribe mexicano”. Esta propuesta también se hermana con la que han hecho los investigadores Alfredo César Dachary y Stella Maris Arnaiz Burne en su libro <em>El Caribe mexicano: una frontera olvidada</em> (1998).
4. Es necesario aclarar que, en un sentido estricto, pertenece a la tradición literaria de Yucatán, pues, en el siglo XIX no existía Quintana Roo, ya que era parte del estado de Yucatán. No obstante, Wenceslao Alpuche nació en Tihosuco, pueblo que actualmente se encuentra dentro del espacio territorial del estado de Quintana Roo. Por ello, es posible ver en este poeta un valioso antecedente de la futura literatura de Quintana Roo, evidentemente desde una visión histórica presentista.
5. Periódico del Sindicato de Maestros del Territorio de Quintana Roo.
6. José M. Suárez M., “Tríptico”, Diario de Yucatán, 1 de enero de 1938.